Male violence against women is not a private matter nor an emergency, but a structural and transversal phenomenon in our society, a matter of political fact, which has its roots in the unequal distribution of power between sexes.

Violence is experienced in every aspect of our existence, it controls and tames the bodies and lives of women: in family, at work, at school, at university, on the street, at night, during day, in hospitals, on media, on the Web. Male violence against women can only be tackled with a radical cultural change, as we have learned from the experiences and practices of the women’s movement.

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La violencia masculina hacia las mujeres no es un asunto privado ni una emergencia, sino un fenómeno estructural y transversal en nuestra sociedad. Un asunto de hechos políticos, que tiene sus raíces en la distribución desigual de poder entre los sexos. Experimentamos la violencia en cada aspecto de nuestra existencia, controlando y domando los cuerpos y las vidas de las mujeres: en la familia, en el trabajo, en la escuela, en la universidad, en las calles, en la noche, durante el día, en hospitales, en los medios, en internet. La violencia masculina hacia las mujeres sólo puede vencerse con un cambio radical en la cultura, como hemos aprendido de las experiencias y prácticas del Movimiento de Mujeres.

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